Recorriendo Guadalajara a través de sus sendas

Barro y frío: de Horche al Picuzo

Las lluvias nos han traído abundante agua, especialmente para los pantanos, Entrepeñas y Buendía lo necesitaban y gracias a estas lluvias ahora sobrepasan los 400 hm3, cantidad mínima, que como todos sabemos, ya se puede trasvasar. Ójala no lo hagan. También nos han traído agua para los secos campos de las alcarrias, las fuentes, los manantiales, los ríos y arroyos y también mucha nieve en las montañas. Sabemos que las altas cumbres de la Sierra de Guadalajara: el Ocejón, el Alto Rey, el Lobo, El Cerrón, el Santuy etc. y también las de la sierra de Madrid, que se alcanzan a ver desde Guadalajara, están cubiertas de una espesa capa de nieve, bueno será para la primavera. Este agua caída ha empapado tanto que ha provocado que las sendas y caminos estén completamente encharcados y bien que lo notásemos nosotros el pasado sábado cuando fuimos andando desde Horche a la Sierra del Picuzo y la ermita de la Virgen Dulce. Teníamos que marcar los senderos que estamos señalizando últimamente en el término de Horche, y salimos del pueblo con un frio que cortaba la respiración, pero bien abrigados no había problema. El problema vino después cuando caminábamos por un carril descendiendo hacia el valle, el camino estaba prácticamente impracticable, a largos charcos se unía el pegajoso barro arcilloso que se pegaba a nuestras botas, como se puede ver en la imagen. Este barro, a cada paso que dábamos, se iba haciendo más voluminoso y pegajoso en las botas y nos complicaba bastante al andar, pues era fácil perder el equilibro y caer o bien sencillamente resbalarse. De vez en cuando teníamos que parar para quitarnos un poco de este pesado barro y seguir caminando. Llegamos al valle del Ungría y cruzamos el río, que por cierto bajaba desbocado y no se veía el pretil del pequeño puente que lo cruza junto al Molino. Por cierto que esta zona va a ser declarado Paisaje Protegido Valle del río Ungría. Comenzamos a subir por el camino que lleva a la ermita, un nuevo carril embarrado completamente y de nuevo subíamos con unas pesadas botas impregnadas de ese barro pegajoso que con nada se quita. Después de una esforzada subida nos encontramos junto a la ermita que hay en la Sierra del Picuzo; se trata de una ermita de nueva construcción para conmemorar la primera vista del Papa Juan Pablo II a España. Las vistas son espectaculares de los valles del Tajuña y del Ungría, pero mucho frío ya que estábamos a una cota de casi 900 metros, de pronto empezó a llegar un viento gélido del norte que nos obligó a resguardarnos entre los muros de la ermita para tomar un pequeño tentempié. Luego llegó la bajada, rápida (había nubarrones que amenazaban lluvia) y con mucha precaución, el barro nos podría hacer resbalar en cualquier momento en una larga y pronunciada cuesta entre pinares y ya protegidos del gélido viento. Regresamos a Horche, una parada en la panadería y una caña en Casa Poli y vuelta a comer a casa.

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