Recorriendo Guadalajara a través de sus sendas

Un transbordador en el Alto Tajo (Hundido de Armallones)

El viejo transbordador que cruzaba el Tajo junto a las salinas de la Inesperada. En la imagen Juan Manuel Abánades y su hijo Juan Claudio, en una foto del archivo Santiago Bernal (circa 1974).

El viejo transbordador que cruzaba el Tajo junto a las salinas de la Inesperada. En la imagen Juan Manuel Abánades y su hijo Juan Claudio, en una foto del archivo Santiago Bernal (circa 1974).

Junto a las Salinas de la Inesperada, en el Alto Tajo, aún resisten los restos de un viejo transbordador construido durante la Guerra Civil

A nadie le cabe la menor duda que la provincia de Guadalajara esconde rincones, lugares, parajes, sitios o incluso equipamientos bastante desconocidos para la mayoría de los guadalajareños. Recorrer la provincia y encontrarte con alguna sorpresa, casi no tiene precio.

La historia que voy a contar la conocía desde hacía muchos años, pero hace unos meses volví de nuevo a caminar hasta las Salinas de la Inesperada en el Hundido de Armallones, en el Parque Natural del Ato Tajo, y me encontré con los restos de un viejo transbordador que cruzaba el río junto a estas salinas, aún queda el cable, cruzando de orilla a orilla, que servía para acoplar una rudimentaria barquilla.

Hoy por desgracia tanto las salinas como el transbordador están sumidos en un completo abandono por parte de los responsables de este espacio natural protegido.

El transbordador de Ocentejo
Pocos son los lugares en el Alto Tajo donde se puede cruzar el río sin mojarse, apenas hay puentes: El del Martinete, en Peralejos de las Truchas; la pasarela situada muy cerca del Salto de Poveda; el puente de Peñalén, solo utilizable por peatones; el Puente de San Pedro, en Zaorejas y el de Valtablado del Río; por el contrario, hay bastantes vados, que en épocas de estío nos permiten cruzarle con apenas caudal. Y durante algún tiempo hubo un rudimentario transbordador con una barquilla que permitía cruzar a una o dos personas al otro lado del río. Este transbordador, que estuvo en servicio durante cerca de cuarenta años, se encontraba en lo más profundo del Hundido de Armallones y junto a las Salinas de la Inesperada. (En el archivo del Centro de la Fotografía y la Imagen Histórica de Guadalajara [CEFIHGU], hemos localizado una fotografía de otro transbordador, seguramente en el Molino del Batán, aguas abajo del Hundido de Armallones y perteneciente a la colección Layna Serrano).

Acto de entrega de la Medalla de Bronce de la Provincia a Juan Domènech en el Valle de Arán en 1981. En la imagen se puede ver a Jesús García Perdices (Foto Ángel de Juan)

Acto de entrega de la Medalla de Bronce de la Provincia a Juan Domènech en el Valle de Arán en 1981. En la imagen se puede ver a Jesús García Perdices (Foto Ángel de Juan)

A principios de los años 80, por cosas del destino, se localizó a su constructor, un barcelonés llamado Juan Domènech i Martínez, que de joven estuvo durante la Guerra Civil por aquellos lares. Jesús Garcia Perdices, escritor y montañero lo cuenta de esta manera en su libro Nieve en el Alto Tajo: “En un campamento nacional de la Federación Española de Montañismo conocí y me hice amigo de Juan Domènech, –actual presidente del Club Fomento Excursionista de Barcelona–, que prestando servicio militar durante nuestra Guerra Civil, en compañía de otros cuatro compañeros en las Salinas de la Inesperada, construyó con materiales de desecho encontrados por los alrededores este transbordador, que ha cumplido eficazmente su misión durante más de un cuarto de siglo, para facilitar el paso de una a otra orilla del río, ya que el vado existente fue anegado por una inundación. Creo que la provincia de Guadalajara le debe un sencillo homenaje de gratitud”, comentaba García Perdices.

Santiago Bernal me corrobora la historia que Domènech le contó: muestro protagonista estuvo destacado con dos o tres compañeros más en este puesto de las salinas entre los años 1936 y 1937 para evitar el paso de tropas militares por esa zona. También le contó que una de las funciones del transbordador, que lo construyó con unos cables de la luz, unas tablas y pocas herramientas, era para permitir el paso de mercancías entre los pueblos colindantes.

La Diputación Provincial de Guadalajara concedió a Domènech y a iniciativa de Perdices, la Medalla de Bronce de la institución, que por delegación de su presidente, se le hizo entrega en el transcurso de un campamento nacional de montaña celebrado en el Valle de Aran en agosto de 1981; en aquella ocasión Perdices escribía en Nueva Alcarria, periódico del que era colaborador habitual “Con ello afianzarán las relaciones amistosas que siempre hemos mantenido los montañeros catalanes y alcarreños y que han dado lugar a cordiales visitas de intercambio”.

Acto de entrega de la Medalla de Bronce de la Provincia a Juan Domènech en el Valle de Arán en 1981. (Foto: Ángel de Juan)

Acto de entrega de la Medalla de Bronce de la Provincia a Juan Domènech en el Valle de Arán en 1981. (Foto: Ángel de Juan)

(Hemos indagado en los archivos de la Diputación Provincial de Guadalajara para intentar encontrar el acuerdo en honores y distinciones y no ha sido localizado el citado acuerdo, por lo que la búsqueda ha sido infructuosa).

Año y medio después, en diciembre de 1982, Domènech volvió a las Salinas de la Inesperada; en concreto Nueva Alcarria en su número de 27 de noviembre, en la página 28, en un recuadro dedicado al Club Alcarreño de Montaña, publica “para el domingo 12. de diciembre, hay programada, fuera del calendario previsto, una interesante marcha desde Ocentejo a las Salinas de la Inesperada, en las proximidades del Hundido de Armallones, en el maravilloso Parque Natural del Alto Tajo….”

Por otra parte, Perdices, en su colaboración semanal en el citado periódico, y en fecha de 4 de diciembre, en su artículo titulado “La Sierra del Ocejón”, escribe, “Juan Domènech., presidente del Club Fomento Excursionista de Barcelona, prestando servicio militar durante nuestra última guerra, construyó con materiales de desecho un sencillo transbordador que, a fuerza de brazos, ha permitido el paso del río Tajo durante más de un cuarto de siglo.
La Diputación Provincial de Guadalajara, atendiendo a una sugerencia formulada en mi libro titulado Nieve en el Alto Tajo, concedió a Juan Domènech la Medalla de Bronce, que le fue entregada solemnemente en un campamento nacional de montaña en el Valle de Arán en agosto de 1981.
Ahora Juan Domènech vuelve a Guadalajara por primera vez desde la guerra, invitado por el Club Alcarreño de Montaña. El próximo domingo día 12, le acompañaremos a las Salinas de la Inesperada. Estoy seguro de que los montañeros alcarreños no faltarán a su cita con el Alto Tajo el día 12, para ofrecer a Juan Doménech el testimonio de su admiración y respeto”.

Nueva Alcarria en su publicación del 4 de diciembre, en el apartado que dedica al Club Alcarreño de Montaña, vuelve a recordar que el día 12 de diciembre se haría una marcha a las Salinas de la Inesperada para tributar el homenaje a Juan Domènech.

Juan Domènech en su visita a las salinas en diciembre de 1982. (Foto: Ángel de Juan)

Juan Domènech en su visita a las salinas en diciembre de 1982. (Foto: Ángel de Juan)

Un par de semanas después Perdices rinde tributo a Domènech y en su colaboración habitual semanal del 18 de diciembre, publicada en la página 11, y que titula “Información de la provincia”, escribe “…los montañeros alcarreños acompañamos el pasado domingo, día 12, a nuestro invitado Juan Doménech, presidente del Club Fomento Excursionista de Barcelona, a una excursión a las Salinas de la Inesperada, en el Alto Tajo.
La participación fue masiva, ya que se llenó un autocar de 50 plazas, y otros muchos montañeros tuvieron que realizar el desplazamiento en sus propios coches. El día frío y lluvioso no bastó para desanimar a los deportistas, que tuvieron ocasión de admirar nuevamente uno de los más hermosos paisajes de España: el del Hundido dé Armallones.
La comida tuvo lugar en un bar de Ocentejo, en un ambiente de cordialidad y de alegría. Al final de ella, el señor alcalde de aquella localidad me preguntó que cuando se haría la declaración oficial del Parque Natural del Alto Tajo”.

Nueva Alcarria, 18 de diciembre de 1982

Nueva Alcarria, 18 de diciembre de 1982

En esa misma fecha Nueva Alcarria dedica, en su habitual sección de montañismo, y en la página 21 con tres cuartas parte de una columna, a la que titula “Marcha Ocentejo-Salinas de la Inesperada”, en la que cuenta detalladamente el acto celebrado, “El pasado domingo más de 40 miembros y simpatizantes del Club Alcarreño de Montaña se dieron cita para realizar una marcha por el Alto Tajo, más concretamente desde el bello pueblo de Ocentejo a las Salinas de la Inesperada, situadas a unos 5 kilómetros y a orillas del río Tajo.
El fin de esta marcha, realizada fuera de su calendario, no era otro que el de acompañar a Juan Domènech a visitar este lugar tras 45 años de ausencia. Juan Domènech pasó buena parte de nuestra Guerra Civil en esta zona de nuestra provincia, y fue en las propias salinas, donde estaba destacado en un puesto de observación, donde construyó un sencillo transbordador que ha servido de gran utilidad durante más de 40 años.
Tras llegar a Ocentejo y por una pista totalmente embarrada, nos acercamos a la orilla del río Tajo; pronto y a unos dos kilómetros de comenzar a andar veíamos en la orilla contraria el Hundido de Armallones con su insuperable belleza.
Por fin tras una marcha de unos 5 kilómetros se llegó a las salinas, hoy totalmente abandonadas. Allí todos los que componíamos esta excursión rodeamos a Juan Domènech, para que “in situ”, nos explicara como fueron los días pasados en las salinas, el porqué de la construcción del transbordador, etc: también fue preguntado, que es lo que sentía en esos momentos, tras cuarenta y cinco años de ausencia, a lo que él contestó con una simple palabra que lo resume todo “satisfacción”.

Publicamos algunas de las fotografías del acto de entrega de la medalla en el Valle de Arán en agosto de 1981, así como de la visita que hizo nuestro protagonista a las salinas en diciembre de 1982 y del propio transbordador totalmente operativo publicada en la página 101 del libro Nieve en el Alto Tajo. Santiago Bernal ha tenido la delicadeza de cederme el original de esta fotografía, una de las pocas que se conservan; en ella, hecha aproximadamente en 1974 durante una de las marchas que el CAM realizó por la zona, se ve a Juan Manuel Abánades con su hijo Juan Claudio cruzando el río en el transbordador.

Estado actual del edificio de las salinas. (Foto: Ángel de Juan)

Estado actual del edificio de las salinas. (Foto: Ángel de Juan)

Un futuro para las salinas

Sabemos que las salinas ya no están productivas desde hace muchos años, y que hoy solo queda un edificio en ruinas y los restos de las bañeras que eran utilizadas para la extracción de sal.

Esta parte de Hundido de Armallones necesita una actuación rápida por parte de los gestores medioambientales del parque y que mejor que, en primer lugar, reconstruir el edificio y convertirlo en un centro de interpretación de la sal y del modo de vida y trabajo de los que allí estuvieron; así como de poder servir de albergue y refugio.

Y por otra parte reconstruir y poner en funcionamiento el transbordador, de una manera sencilla, ya que permitiría a los senderistas poder realizar excursiones al otro lado del río usando las sendas que aún perduran.

Esto, estamos convencidos, sería un aliciente más para visitar el Hundido de Armallones y las Salinas de la Inesperada.

Este mismo artículo se ha publicado en la web henaresaldia.com

 

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